
Hola.
Hola a todos los amigos de Maeva.
“Criadas y señoras” está siendo un gran éxito en Estados Unidos ¿Se lo esperaba?
La verdad es que no... El libro vendió más de 250.000 ejemplares en tan sólo dos meses, un dato que se considera extraordinario para la situación actual del mercado americano. Lo que más me sorprendió es que entró en la lista de los más vendidos sólo dos semanas después de que saliera a la venta.
¿Cómo surgió la idea de escribir el libro?
Cuando me mudé a Nueva York me di cuenta de que mi estilo de vida no era el mismo que el del resto de los americanos. Conocí a muchas personas del Sur y todos necesitábamos hablar de lo que echábamos de menos. Siempre había alguien que empezaba a hablar sobre su niñera, alguna anécdota que nos hacía recordar a los demás… Cada uno teníamos una historia que contar.
Veinte años después, con todas las cosas que hay por hacer en Nueva York, nosotros seguíamos hablando de las mujeres que nos habían criado en las cocinas de nuestras madres. Y fue durante una de esas noches en las que se te hace tarde, que tienes nostalgia, cuando me di cuenta de que quería escribir sobre las relaciones entre las personas que me rodearon durante mi infancia. Pero lo que finalmente me animó fue una conversación que tuve con un editor de Nueva York.
¿En quién se inspiró para dar vida a la protagonista?
En Demetrie, mi sirvienta negra, y en mi relación con ella. Para mí, ella era parte de mi familia, pero tardé veinte años en darme cuenta de cómo era la situación en mi casa… Por eso decidí escribir una novela desde el punto de vista de las criadas negras en la época de la lucha por los derechos civiles.
¿Qué recuerdos tiene de la relación con su criada?
La sirvienta de mi abuela se llamaba Demetrie y empezó a trabajar para mis abuelos en 1955. Cuando mi padre y mi tío eran todavía niños, ella tenía 18 años, por lo que cuando ellos crecieron nos cuidó a nosotros, los nietos. Me gustaba el cariño de Demetrie y la quería mucho. Nosotros nos llevábamos la mejor parte de Demetrie, como no era nuestra madre no tenía que educarnos, nos daba de comer, nos hacía reír…
Mis hermanos y yo teníamos una conexión especial con Demetrie, supongo que era porque nunca tuvo hijos. Ella nació pobre y tuvo un marido que abusaba de ella, a veces la tristeza y el sufrimiento se convierten en dulzura y ella era un alma dulce. No hay mucha gente como ella en este mundo.
En Criadas y señoras trata un tema tan complicado como las relaciones raciales en 1962...
Sí, exactamente. Pero, sin embargo, la historia gira alrededor de temas universales relacionados con la mujer, la amistad, la fraternidad y la relación entre criadas y señoras.
En Jackson (Misisipi), que es donde yo me crié, en 1962 existían fronteras que no podían ser cruzados. Las criadas negras criaban a niños blancos, pero nadie se fiaba de ellas; limpiaban los aseos pero ellas tenían uno propio, fuera de la casa; cocinaban para todos, pero ellas comían solas en la cocina… Todo el mundo sabía donde estaba su sitio.
Criadas y señoras es un libro que nos ayudará a entender la complejidad del significado de la palabra igualdad y las emociones que generan la segregación racial. Una historia que, a través de los personajes, nos ofrece un retrato del mundo de las mujeres y nos explica cómo éstas - negras y blancas, madres e hijas - se miran las unas a las otras.
¿Cómo se ha documentado para ser tan precisa a la hora de describir los comportamientos sociales de ese período?
Podrá parecer una locura, pero quise ir a la Biblioteca Eudora Welty, en Jackson, para buscar las antiguas guías telefónicas. La parte trasera de las guías suele contener información sobre las cosas cotidianas de la época y así te das cuenta de cosas tan dispares como de la abundancia de tiendas de pintura o del hecho de que no existían doctoras o dentistas femeninas, todo me ayudó a visualizar aquellos tiempos. La mayoría de las familias ponían sólo el nombre del marido sin hacer mención alguna a la mujer.
También leí el periódico local The Clarion-Ledger y quise hablar también con mi abuelo, quien con 98 años sigue teniendo una memoria impresionante.
De las tres mujeres de tu libro Aibileen, Minny and Skeeter ¿quién es su personaje favorito? ¿Han sido personajes fáciles o difíciles a la hora de darles forma en la novela? ¿Alguna de ella está basada en algún personaje real?
Aibileen es mi favorita porque ella encierra la dulzura de Demetrie. Minny fue a la que más fácil me resultó dar vida pues aunque cuando escribí la novela no conocía mucho a Octavia, en quien me inspiré para crear a Minny, observaba sus gestos, sus posturas y escuché varias historias sobre ella durante las fiestas. Ella es una actriz de Los Ángeles y te puedes imaginar su cara cuando una chica blanca y flacucha le dijo “he escrito un libro y tú eres uno de los personajes principales”.
Ella rió y me dijo “Bueno, me alegro por ti”.
Skeeter fue la más difícil de escribir.